Y veras como quieren en Chile al amigo cuando es Europeo

Y VERAS COMO QUIEREN EN CHILE AL AMIGO CUANDO ES EUROPEO.-

            En estos tiempos, cuando está de moda modificar las pocas instituciones que funcionan y mantener incólumes los procedimientos y esquemas económicos injustos y defectuosos, propongo modificar la letra de aquella clásica melodía nacional para así adecuarla a los tiempos que corren. Si se está proponiendo transformar al Taca-Taca en deporte nacional, lo que planteo no parece tan disparatado. Luego tendremos tiempo de analizar si el carioca y la brisca pueden correr la misma suerte.

 En una especie de amnesia por la situación de millones de compatriotas que han logrado desarrollar vidas dignas y sacar adelante a sus familias en territorio extranjero, ahora resulta que levantamos la voz para cuestionar la presencia en suelo nacional de los hermanos americanos que han sufrido el infortunio de tener que abandonar su tierra, arribando a nuestro país cargados de sueños y expectativas de un futuro mejor. Con una suerte de cegada e irreflexiva superioridad levantamos las banderas del desprecio y la humillación, escogiendo permanecer aislados de la influencia cultural y humana de grupos que consideramos inferiores, impregnados de un rancio nacionalismo que mas sabe a ignorancia y brutalidad que al resultado de un proceso mínimamente reflexivo. Me cuesta creer que  esos fervientes defensores del cierre de las fronteras manejen tan bien el francés como los haitianos o dominen el inglés como lo hacen los venezolanos, cuando escasamente saben ocupar el español para reclamar por sus derechos.

            Si tan solo se tratase de un sana rencilla deportiva con los peruanos, basada en nuestra cercanía territorial, quizá podría entenderse el escenario de rivalidad, más parece que hay otro ingrediente en nuestra enfermiza conducta, que huele más a racismo que a otra cosa, cuando con ligereza y cierto odio los tratamos de “Cholos” para resaltar su aspecto físico. Alguien que me explique como es que nuestra herencia genética, principalmente mapuche, nos beneficia con alguna estética privilegiada  por sobre aquellos por los que corre sangre incaica o barasana, o incluso por sobre los afroamericanos. Debe ser porque solemos considerarnos más europeos. Claro, si históricamente nos hemos creído “los ingleses de sudamérica”,  absurda comparación cuyo origen se debe a los asentamientos ingleses que en Chile se instalaron por allá por el lejano 1840 y se extendieron por muchos años más.

             Lo anterior me sirve para recordar que Chile se ha visto invadido en el pasado por una intensa oleada de inmigrantes españoles, franceses, italianos, alemanes y palestinos. Todos ellos han dejado potentes huellas, como no reconocerlo, como tampoco debemos olvidar que no se trataba de un élite de profesionales o millonarios. Mi herencia familiar me obliga a recalcarlo, pues mi abuelo materno formó parte de ese universo de valientes. Lo mismo tendrán que admitir los Luksic y los Paulmann. Se trataba de personas de modesta extracción social que llegaban sin ningún peso en los bolsillos, ofreciendo su trabajo como único capital, vale decir, lo mismo que hoy ocurre con los haitianos, colombianos y venezolanos que conviven desde hace un par de años con nosotros. Cabe preguntarse entonces, ¿Cuál es la razón que subyace al trato vejatorio que se observa en la actualidad? Quizá se deba a que nuestro principal héroe nacional lleva apellidos irlandeses, vaya a saber uno. Lo cierto es que a ese tropel de incautos  compatriotas les debe encantar que Chile se reconozca en el mundo por Zamorano, Alexis Sánchez o Pinochet. Ya quisiera yo que en el extranjero se hablase de la elevada civilización Inca o  de la exquisita reserva animal y la festiva cultura colombiana en torno a la bebida mas famosa del mundo, el café. Yo, en cambio, considero que aún podemos enorgullecernos de los olvidados versos de Neruda y la Mistral, especialmente cuando ésta última, con gran vocación sudamericana, nos regalaba estas palabras en el poema “La Tierra”:

                                   Niño indio, si estás cansado,

                                   Tu te acuestas sobre la tierra,

                                   Y lo mismo si estas alegre.

                                   Hijo mío juega con ella…

                                   La Tierra

 Hace una década a nadie pareció llamarle la atención la llegada de cientos de españoles que escapaban de su crisis económica y social. Claro, si eran “iguales” a nosotros y tenían ese acento tan graciosillo y peculiar. De la misma manera debiésemos acoger a quienes han venido en el último tiempo a dignificar su existencia lejos de sus afectos y de su gente. Mientras aguardo por ese milagro, voy por mi arepa y un delicioso ají de gallina.

Gonzalo Garay Burnas

Abogado-escritor

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